Blog creado por profesionales de la salud de Venezuela, en un intento de abordar las disyuntivas político electorales del país,
jueves, 9 de febrero de 2023
domingo, 5 de febrero de 2023
LA SALUD, LOS MÉDICOS O LA INCREÍBLE OLA QUE SE NOS VIENE ENCIMA
Por Dr. Vicente E. Guerrero B.
Los nuevos dilemas que enfrentan las sociedades médicas conducen a una necesaria discusión de los valores básicos con decisión y coraje para enfrentar los problemas.
Los médicos somos herederos de valores milenarios, pertenecemos a una cofradía que ha dejado huella en las sociedades, y sus miembros provocaron profundos cambios en el pensamiento intelectual, en la filosofía, la técnica y la ciencia, además de propiciar cambios en las estructuras sociales. Somos y pertenecemos a una organización hermética y como tal somos blanco predilecto de otras organizaciones sociales, políticas, religiosas que ven en nosotros una especie imposible de manipular, transformar o quitarnos la libertad que nos permite actuar con independencia y manejar valores celosamente defendidos como la ética y la moral, que son nuestro poder y nuestra gloria.
Nuestras organizaciones médicas, Academias, Colegios Profesionales, Asociaciones Científicas, nos han permitido siempre la oportunidad de en “LIBERTAD” discutir y confrontar ideas, analizar actitudes o actos de nuestro diario accionar; informarnos, revisar técnicas y procedimientos de la ciencia y el arte médico y sobre todo confraternizar bajo el manto de nuestra profesión con total independencia de aspectos raciales, religiosos o políticos.
Hoy, como en otros tiempos, debemos confrontar nuevas concepciones y con la carga histórica que transportamos aclarar dudas, explicar alguna de nuestras conductas y asumir las nuevas proposiciones que indudablemente generaran nuevos imperativos, nuevas esperanzas, nuevas utopías. En definitiva, enfrentarnos a dilemas, ya que en la sociedad hay conflictos porque hay posiciones diversas, es decir, varias opciones frente a un mismo problema.
Necesitamos con urgencia que una EDUCACIÓN LUCIDAMENTE UNIVERSITARIA recupere su protagonismo ya que se deberá defender la unidad fecunda contra la estéril uniformidad. La ausencia de esta unidad fecunda universitaria es la causa de la agonía de la sensibilidad democrática.
Surge indudablemente la pregunta: ¿PARA QUÉ SIRVE LA CIENCIA O LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA? Sirve para aspirar a un futuro mejor y más democrático, desarrollar la capacidad crítica y acceder a la participación pública de la gestión de los saberes y poderes que gobiernan. Pero es “vital” un “entorno amigable” donde llevar la controversia hasta los límites extremos que nos permitan discernir con claridad el verdadero problema y encontrar las rutas posibles dentro del marco de “incertidumbres” que nos manejamos.
Como lo expresara JUAN BAUTISTA ALBERDI en el siglo pasado o RAYMOND AARON actualmente, el enfrentamiento esta dado en una forma de exceso retórico de muchos que no se dirigen a la sociedad para requerir su apoyo sino para apelar a horizontes utópicos o a hechos espectaculares traspasando el límite entre la pasión cívica moderada y la pasión ideológica que manipula a la ciudadanía con ilusiones proféticas.
¿POR QUÉ UNA DISCUSIÓN LUCIDAMENTE UNIVERSITARIA?
El discurso político al que asistimos incursiona en la dialéctica del HOMBRE NUEVO, desconociendo valores fundamentales que significaron largas luchas de profesionales médicos. Venezuela sentó las bases de un accionar médico basado en profundos conceptos ético-morales y sobre todo con una concepción humanista donde el valor del “ser humano” y de la “vida” fueran su esencia, su deber de respetarla, defendiendo la dignidad del hombre (RAFAEL MUCI-MENDOZA).
Modificar la “esencia” de la formación profesional médica y transformarla en formación “técnica” bajo el recurso de un “hombre nuevo para una sociedad nueva” es un evidente “objetivo” político, sobre todo apartarlo de la formación humanista y universal que forma un individuo para la confrontación de las ideas con el respeto por la opinión ajena, para que sepa ejercer la democracia y sobre todo ser un profesional médico de valores humanistas y éticos
Cumplir este objetivo de “alineación” significa además echar a la hoguera la obra de pensadores como LUIS RAZETTI, sería en definitiva crear al hombre “masa” al decir de ORTEGA Y GASSET que llevarían a cabo la revolución de las “masas”.
Retornar a la discusión académica es una de las prioridades importantes frente a otras amenazas que se ciernen sobre el universo de la medicina.
¿QUIÉN FINANCIARÁ LA SALUD?
Ingresan al sistema de prestación de servicios médicos entes “financiadores” que aseguran que la “oferta” pueda cumplirse. Compañías de seguros, reaseguros, banca financiera, ven un mercado cautivo de millones de personas aportando a sistemas de capitalización para financiar seguridad social, cuyos aportes e intereses generados significan un capital nada despreciable para los sistemas operativos bancarios. Hoy presenciamos la fragilidad y vulnerabilidad del sistema financiero que arrastrara indudablemente a quienes dan su “confianza” en él
Lo preocupante frente a esta realidad es que se fracturó la capacidad de ahorro de la sociedad, sus fondos de reserva frente a la contingencia (seguridad social) se han volatilizado, el crédito se restringe con lo cual disminuye la inversión, los costos operativos aumentan, aumenta el precio del dinero, además ha aumentado el nivel de pobreza.
Tenemos que sumar a este universo los costos en salud que se incrementan y tanto el subsector público como el subsector privado deben afrontar un nuevo conflicto, la inflación y las limitaciones para generar presupuestos viables y sostenidos en el tiempo.
El subsector público verá una reducción de sus presupuestos con costo altos que se traducirá en la calidad de la prestación de servicios de atención médica y replanteo de planes y proyectos en prevención de salud. Mientras que el subsector privado se encontrará con una reducción significativa de usuarios debido a las limitaciones que tendrá el financiamiento para la prestación de la atención en salud, costos operativos altos, salarios y honorarios profesionales y dificultades burocráticas para obtener las divisas necesarias para afrontar equipamiento, insumos, mantenimiento, reposición tecnológica y sistemas operativos entre otros.
El Poder Político se encuentra con una presión política y social de la comunidad en mínimas condiciones de subsistencia, con una falta de recursos para cubrir todos los requerimientos, con una burocracia ineficiente y vastos sectores de la misma que se desenvuelven en la corrupción protegidos por un sistema jurídico desactualizado y deficiente en imponer sanciones, o que no desean hacerlo
La caída del sistema financiero entre los años 2019 al 2022 arrastra a los gobiernos ineficientes para enfrentar la crisis al no prever proyectos de reservas que atenúen el déficit de la deuda interna y sin haber solucionado las necesidades básicas de la población en salud, alimentación, transporte, seguridad, infraestructura, seguridad social, etc.
Por si fuera poco, los gobiernos deberán resolver la situación de prestación de sus sistemas de atención médica del subsector público, en los cuales se profundizará la crisis presupuestaria y se multiplicará la deficiencia de la prestación de atención médica tanto por la falta y precariedad de recursos como la incapacidad de responder frente al aumento de los usuarios que no pueden financiar seguros de atención médica privada
Los profesionales médicos deberán enfrentarse a una sociedad que exigirá a los profesionales del subsector salud su contribución al sostenimiento de un ejercicio medico precario y en general con magras retribuciones económicas (o ninguna) por la prestación de servicios médicos.
¿QUÉ DEBEMOS HACER?
Tendremos que plantearnos la necesidad de CREAR UN SISTEMA MÉDICO JUSTO, EQUITATIVO Y DE INGRESO UNIVERSAL. Entendiendo que equitativo no es lo mismo que igual, equidad significa oportunidades para tener acceso a los factores que hacen posible que la población pueda generar ciertos ingresos que le permitan alcanzar un nivel aceptable de bienestar.
En el subsector privado se deberá analizar y discutir cómo resolver las alternativas que se nos presentan frente a situaciones como estas:
- Los medios y recursos serán múltiples, costosos y complicados.
- Los recursos diagnósticos y terapéuticos serán cada vez más eficaces y más costosos.
- El hombre necesitará cada vez mayor asistencia, será, por lo tanto, más débil y dependiente de los otros.
- El aumento de la longevidad y el decrecimiento de la población que aporta a los sistemas previsionales y de salud traerá un desbalance en los presupuestos nacionales que verán limitada su capacidad de responder a las necesidades de la población y por ende una disminución en la atención médica, honorarios, salarios, reposición de equipos, adquisición de fármacos, obras y mantenimiento de instalaciones, etc.
- La relación entre sano y enfermo será cada vez más compleja y ambivalente.
- Los servicios de atención médica deberán enfrentar: cobertura, precio, condiciones de financiamiento.
En definitiva, resolver las necesidades de salud de la sociedad al menor precio y con la mayor calidad profesional y técnica.
Los cambios y la “incertidumbre” son parte de la cotidianeidad del mundo de hoy, la variabilidad externa hacen impacto en las falacias que ya existían o en las definiciones imprecisas de una gama amplia de aspectos que deben ser afrontados sin dilaciones y con el coraje necesario cubrir la brecha entre la realidad y las expectativas para revertir la situación que vive tanto el subsistema público como el privado que es en definitiva la situación vital de la población como la de los profesionales del sector salud, es la increíble ola que nos acecha.
DR. VICENTE E.
GUERRERO B.
E-mail: vgbernabey@gmail.com
miércoles, 1 de febrero de 2023
miércoles, 25 de enero de 2023
LA UNICA REIVINDICACIÓN POSIBLE ES UN NUEVO GOBIERNO
En Venezuela están ocurriendo acontecimientos que desnudan la cruda realidad política y social del país, la única alternativa de solución a los problemas de los venezolanos, es la sustitución del gobierno actual por otro verdaderamente democrático, que respete la institucionalidad, el estado de derecho y sobre todo los derechos fundamentales de los ciudadanos.
Mientras el régimen gobernante pretende justificar su nefasta ineficiencia, con un supuesto bloqueo y con una guerra económica inventada por ellos mismos, le pide mayor resistencia, aguante y sacrificio, a sus cada vez menos seguidores, para sostener una revolución ya claramente fracasada.
Por otra parte, la inmensa masa de trabajadores de todos los sectores, encabezados por los docentes, en un intento desesperado de lucha por la supervivencia, tratan de alzar la voz, avivar las protestas, para así despertar el espíritu combativo que históricamente ha caracterizado al bravo pueblo venezolano.
En otras épocas, el salario digno estaba garantizado por la progresividad de los beneficios adquiridos, y para que cualquier grupo de trabajadores solicitara alguna reivindicación laboral adicional, solo bastaba que se reuniera una legítima comisión tripartita, donde los involucrados acordaban una flamante contratación colectiva que los beneficiaba a todos y respetaba los derechos laborales.
En los últimos años, este proceso ha sido abolido por las imposiciones del régimen, quien bajo amenaza y sin consulta previa decide los términos de las contrataciones, quedando las reivindicaciones de los trabajadores reducidas a irrisorios bonos y pírricos beneficios empacados en una bolsa de comida.
Por lo tanto, las justas aspiraciones de los trabajadores, no pueden verse limitadas a una bonificación insuficiente o a un salario que siga estando por debajo de lo constitucionalmente establecido, esto hace inminente la necesidad de que ese despertar de la población sea acompañado con un nuevo sentido a las protestas, donde la única reivindicación exigida sea la culminación del gobierno actual, como paso previo a la reconstrucción del país que permita la solución de los principales problemas.
La lucha sigue siendo pacífica, con la contundencia que brinda el apoyo de la mayoría, escenario en el cual se levanta el voto como arma eficiente en manifestación de la voluntad de un pueblo que en ejercicio de su soberanía decide el destino y el porvenir de la nación.
Incidencia 2024
Dos momentos de la movilidad social en Venezuela
Por Miguel Henrique Otero, enero 22, 2023
Momento 1
La historia de la movilidad social en Venezuela debe ser uno
de los capítulos más fascinantes, diversos y ricos en historias, en el conjunto
de la corriente modernizadora del país. Me refiero, por supuesto, a la
movilidad social ascendente, aquella que, como consecuencia de un conjunto de
mecanismos económicos, institucionales, políticos, sociales y culturales, hizo
posible que amplios sectores, capas de la población en casi todas las regiones,
mejorasen sus condiciones de vida. Y, como resultado tangible de esta
movilidad, creciera y se consolidara una clase media nacional, que tantos
beneficios ha traído al país.
Asdrúbal Baptista se refirió a esta vital cuestión en
artículos, ensayos y libros. Repetía que uno de los resultados netos de la
instauración en Venezuela de una economía basada en la producción y exportación
del petróleo había sido el de la movilidad social ascendente, especialmente en
las seis décadas comprendidas entre 1920 y 1980.
La circulación de recursos financieros puso en marcha un
proceso demográfico, el de desruralización, simultáneo e inseparable al
crecimiento de las ciudades, mientras el territorio se poblaba de escuelas,
liceos y universidades; centros de salud y hospitales; calles, avenidas y
autopistas; y, también, de viviendas, construidas por el Estado o por el sector
privado. El desarrollo de industrias, e incluyo en ello la producción primaria
―agricultura, ganaderías, pesca―, y las de servicios, contribuyó a que cientos
de miles de familias experimentaran en sus realidades diarias y concretas una
mejor calidad, en la que contaban con servicios, la alimentación se diversificó
y mejoró, también los indicadores de salud; un escenario nacional en el que, en
medio de problemas y desigualdades, habían oportunidades para estudiar, trabajar
y descansar.
Pero más allá de las variables materiales, variables que las
ciencias de datos pueden constatar, hay otra dimensión de la movilidad social
ascendente, que se refiere al horizonte espiritual, a la configuración mental,
a la relación que las familias ―porque en el fondo se trataba de proyecciones
que han sobrepasado a los individuos y han implicado a toda la familia― tenían
con el futuro. Es decir, con la posibilidad, la esperanza cierta, de una vida
mejor.
Estas proyecciones no eran meras ilusiones. Se basaban en
experiencias comunes, bien conocidas por la inmensa mayoría de los venezolanos.
Las familias progresaban de muchas maneras. El relato del pobre que sale
adelante con su esfuerzo no es una novedad en el siglo XX venezolano. Es el relato
predominante, que tuvo en la educación su palanca más importante. Hijos y
nietos, con abrumadora frecuencia, estudiaron más, trabajaron mejor, recibieron
salarios y compensaciones de mayor proyección, viajaron por el mundo, pasaron
de una visión local de la vida y la experiencia, a una visión de aspiración
planetaria.
Esto que he anotado hasta aquí es apenas un superficial
asomo a un temario de vastas ramificaciones y complejidades. Aunque, a partir
de 1983, las crecientes dificultades que presentaron la economía y la política
comenzaron a estrechar las oportunidades, la sociedad venezolana continuó
estableciendo una relación entre esfuerzos y progreso familiar. El ideario de
“salir adelante”, de que estudiar y trabajar, tarde o temprano producirían resultados,
se mantuvo y persistió, en alguna medida. Y se mantuvo porque la movilidad
social ascendente había demostrado, hasta la saciedad, que una vida mejor era
posible.
Momento 2
En el apoyo a la revolución bolivariana, durante su primera
década, había una fuerza motriz, que apenas se menciona: la de la movilidad
social ascendente. Esto es importante: en la sociedad venezolana, entre
aquellos que votaron a Chávez en diciembre de 1998, no había un cambio de
visión. No querían una sociedad socialista. Lo que pretendían era que el
precepto de la movilidad social ascendente se multiplicara y consolidara.
Querían que los beneficios que otros habían obtenido, les alcanzaran. Votaron a
favor de un reparto más amplio.
Durante los primeros años, hasta 2010 aproximadamente,
basado en una política de grotesco despilfarro de los altos ingresos
petroleros, la revolución bolivariana, con demagógica astucia, repartió dineros
de forma incontrolada, mientras el edificio de la economía comenzaba a
agrietarse a la vista de todos. Pero un sector de la sociedad pensó que
subsidios, bonos, misiones, prebendas y otras dádivas, eran la antesala de la
movilidad social ascendente, una especie de vía rápida. Hasta que en 2014 el
edificio crujió y comenzó a caerse a pedazos.
Desde entonces, se aceleró y masificó el proceso que había
comenzado en 1999: el empobrecimiento estructural de la sociedad venezolana.
Eso significa, contrariando el proceso que se había sostenido por 8
décadas―hasta el año 2000― durante el cual la curva de la movilidad social
mantuvo su sentido ascendente, llegó un día en el que la tendencia dio un giro
abrupto, cayó de bruces, para convertirse en lo contrario: la movilidad social
descendente como el principal rasgo de la Venezuela contemporánea. Cuando las
familias de todo el país se percataron de esto, tomaron una decisión que es
bien conocida: ya son más de 7 millones los venezolanos que han huido de la
Venezuela empobrecedora de Chávez y Maduro. Y hay que añadir: la huida
continúa. Nada la detiene.
Un asunto más: la pregunta de si hay sectores de la sociedad
venezolana que, en estos 24 años, hayan mejorado sus condiciones de vida. La
respuesta es: los hay y muy minoritarios. En efecto, menos del 3% de la
población venezolana, constituida por militares y funcionarios civiles de
distintas entidades del Estado, enchufados, corruptos sin remedio,
contratistas, militantes del PSUV y organizaciones afines, paramilitares,
narcoguerrilleros, pranes, alacranes, amiguetes de Maduro en el G3, uniformados
que han recibido la concesión de alguna alcabala ―que es hacerse de un
peaje, pero sin tarifas fijas y con la posibilidad de apresar y torturar―,
todas categorías que no podría decirse representan un ascenso social.
Lo ocurrido pertenece a otro orden de cosas: se han
enriquecido. Han fabricado, con métodos en los que la corrupción ha cumplido un
papel estelar, una oligarquía dotada de cápsulas urbanas, una burguesía cada
día más rica, que depende de hacer negocios con Maduro, por una parte, y de la
otra, de que se mantenga y profundice el empobrecimiento de millones de
venezolanos. No se trata entonces de movilidad social ascendente, sino
movilidad parasitaria que, como es evidente, no es sostenible y estallará
cualquier día, como estallan todas las burbujas.
https://www.elnacional.com/opinion/dos-momentos-de-la-movilidad-social-en-venezuela/
domingo, 15 de enero de 2023
“Sería un error para Colombia copiar sistemas de salud que han fracasado”: la preocupante advertencia del médico venezolano Jaime Lorenzo
SEMANA: ¿Cuál es la realidad que están viviendo los médicos en Venezuela?
Jaime Lorenzo: La situación del personal sanitario en Venezuela cada día es peor. Hay una emergencia monetaria compleja, independientemente de la propaganda que se esté haciendo sobre grandes conciertos y todo ese cuento. La realidad es que el personal sanitario venezolano, desde 2011, ha migrado forzadamente. Los médicos de alto nivel se fueron porque las condiciones de trabajo se deterioraron a un punto casi insostenible.
Un médico especialista con más de 30 años de experiencia tiene un salario de 78 dólares mensuales, esa es una cifra irrisoria que no alcanza al sueldo mínimo para poder subsistir. Si te vas al personal recién graduado, médicos, enfermeras o personal sanitario, tiene un sueldo irrisorio. Una arepa rellena en Venezuela está en el orden de los 3 o 4 dólares y si a eso le agregas un refresco, que está en promedio de un dólar, esa persona solamente en el desayuno gastó casi 6 dólares. Todos los días hay que comer, hagan cuentas.
Antes de la pandemia ya veníamos con deficiencias en la dotación continua y materiales médicos para atender pacientes. Los medicamentos y equipos para hacer diagnóstico son escasos a nivel nacional. En Venezuela se supone que la salud debe ser financiada por el Estado, no hay sistema mixto de financiamiento y el gran punto es que cualquiera que vaya a un hospital para hacerse un diagnóstico tiene que hacerse todos los estudios en el sector privado porque no están funcionando los servicios actualmente.
A diferencia de 2017, cuando veíamos los estantes de las farmacias y auto mercados vacíos, ahora están llenos, pero la población no puede comprar nada. Un pensionado promedio en Venezuela recibe 10 dólares, eso no alcanza para nada.
SEMANA: ¿Cómo hacen?
J.L.: Por ejemplo, los pacientes oncológicos sufren porque de las unidades de radioterapia (21) solo funcionan dos y los medicamentos para la quimioterapia no los están dando. Los pacientes tienen que ir a tu país (Colombia) en la inmensa mayoría para tratar de conseguir medicamentos oncológicos y darles tratamiento a sus familiares.
SEMANA: Entonces, el sistema de salud en Venezuela es un caos total…
J.L.: En efecto, porque estamos en una privatización indirecta de la salud y no hay un sistema mixto ni público financiado. El paciente tiene que pagar y comprar todo para ser atendido. El joven que recién termina su carrera solo piensa en irse del país.
SEMANA: El recurso médico está migrando. ¿Están llegando médicos cubanos?
J.L.: Los médicos cubanos ya tienen tiempo de no venir, eso se anunciaba en las cadenas nacionales, pero en la medida que Venezuela se convierte en un país que reduce su producción petrolera, pues el Gobierno cubano pierde el interés. Es muy difícil suplir el personal médico.
SEMANA: ¿La cosa es tan grave que ni Cuba está enviando médicos a Venezuela?
SEMANA: ¿Existe la posibilidad de que Venezuela se quede sin médicos?
J.L.: Lo que te puedo plantear es que habrá nuevas generaciones, pero se querrán ir en la medida que otros países los vayan aceptando. Pero también es cierto que un médico que pasa los 60 años no se iría porque no es fácil comenzar de cero. No obstante, reemplazar las generaciones será complicado. Otro problema es la deficiencia en la formación de nuestras universidades por la falta de docentes, de hospitales funcionando y por los malos salarios de los maestros.
SEMANA: ¿Cuál sería la solución para el sector de la salud?
J.L.: El gran problema es que la salud se mezcle con la política, que sea un componente ideológico, porque se cometen todos estos errores. Cuando la salud la conviertes en un arma o herramienta política, pues pasa lo que se vive en Venezuela. Lamentablemente, todo eso ocurre acá y la única solución del Gobierno sería dar un paso atrás. ¿Estará dispuesto a hacerlo?
SEMANA: ¿Colombia puede cometer los errores de Venezuela en los temas de salud?
J.L.: Allá tienen alternativas para la población de escasos recursos, mecanismos para garantizar una respuesta al ciudadano. El problema va a estar en tratar de copiar sistemas que no conocen, porque una cosa es el cuento que te puedan echar entre presidente o entre militantes de una ideología política y la realidad. Si el Gobierno colombiano copia esquemas, pues habrá problemas como los que tenemos, sería lo peor que podría pasar. Sería un error para Colombia copiar sistemas de salud que han fracasado, porque está demostrado que ni en Cuba ni en Venezuela el sistema de salud funciona.